Sociedad Argentina de Medicina (SAM)

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Sociedad Argentina de Medicina

  • Existe escasa evidencia acerca de que la detección de una estenosis de alguna arteria coronaria en pacientes asintomáticos con bajo riesgo de enfermedad coronaria, ya sea por ECG anual u otras pruebas, mejore los resultados de
  • Es más, los falsos positivos que estas pruebas pudieran ocasionar, es probable que conduzcan a lesiones producidas por procedimientos invasivos innecesarios, sobre-tratamiento y diagnóstico erróneo. Los daños potenciales de estos exámenes anuales de rutina, superan el beneficio potencial.
  • En las personas asintomáticas con bajo riesgo de enfermedad cardiaca coronaria (riesgo a 10 años <10%) la detección de enfermedad coronaria con la ergometría no mejora los resultados en la salud del paciente.

Estas recomendaciones se proporcionan únicamente con fines informativos y no pretenden ser un sustituto de la consulta con un profesional médico. Los pacientes con cualquier pregunta específica sobre los contenidos de esta lista o de su situación individual deben consultar a su médico.

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  • No hay evidencia de que la hipercolesterolemia o el HDL-C bajo, sean un  factor de riesgo importante para la mortalidad por todas las causas, mortalidad por cardiopatía coronaria, hospitalización por infarto de miocardio o angina de pecho inestable) en personas mayores de 70 años.
  • En estudios de cohortes se ha objetivado que la mortalidad total y la mortalidad cardiovascular en relación con el colesterol siguen una distribución en forma de J.
  • Se ha observado una relación riesgo-beneficio menos favorable para los pacientes mayores de 85, donde los beneficios de la reducción de la mortalidad por hipercolesterolemia son bajos o inexistentes y los riesgos de un tratamiento con estatinas sean altos (deterioro cognitivo, caídas, neuropatía y daño muscular).
  • Los datos existentes no son suficientes para recomendar el tratamiento de reducción de lípidos para la población de más de 80 años de edad.

  

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  • El uso de sondas urinarias permanentes debe reducirse y para ello es imprescindible la discusión, difusión e implementación entre médicos y enfermeros, de las directrices basadas en la evidencia que los Comité de Infecciones Hospitalarios han establecido al respecto.
  • Las indicaciones de un catéter urinario pueden incluir: control de diuresis para los pacientes en estado crítico, el alivio de la obstrucción urinaria, para ayudar en la curación de heridas profundas sacras o perineales en pacientes con incontinencia urinaria, en cirugías urológicas (menos de 2 hs de permanencia) y los cuidados al final de la vida útil si fuera necesario.
  • Cuando sea posible, deben utilizarse alternativas a las sondas urinarias permanentes; en caso de estar indicado, se recomienda minimizar el uso de catéter urinario y la duración de su uso en todos los pacientes.
  • Los hospitales y centros de atención deben desarrollar, mantener y promulgar políticas y procedimientos y recomendaciones acerca de indicación, técnicas de inserción y mantenimiento, así como indicación de abandono y/o reemplazo de catéteres urinarios.

 

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  • La evidencia sugiere que una historia clínica minuciosa y específica y un adecuado examen físico,  deben determinar si se deben obtener estudios de laboratorio antes del procedimiento.
  • La realización de pruebas de laboratorio de rutina en el preoperatorio en pacientes que son consideradas sanas, es de poco valor en la detección de alguna enfermedad.
  • La mayoría de las pruebas preoperatorias (recuento sanguíneo completo, tiempo de protrombina y tiempo parcial de tromboplastina, el panel metabólico básico y análisis de orina) realizados en pacientes con cirugía electiva son normales. Los resultados influyen en la gestión en menos de 3% de los pacientes evaluados.
  • No se han observado resultados adversos significativos cuando los pacientes clínicamente estables se someten a cirugía electiva, aún si se identificara una prueba anormal.
  • La solicitud de analítica preoperatoria está indicada en pacientes sintomáticos y/o aquellos que tienen factores de riesgo para los que dichas pruebas diagnósticas pudieran  proporcionar algún dato complementario del riesgo quirúrgico del paciente.

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  • El control regular (anual) de salud, (incluido análisis complementarios), en personas sin antecedentes, asintomáticas (sanas) y sin una causa específica, no ha demostrado ser eficaz en la reducción de la morbilidad, la mortalidad u hospitalización y podría contribuir a producir un potencial de daño como resultado de pruebas innecesarias.

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  • El cáncer de próstata crece tan lentamente, que la mayoría de los hombres mueren de otras causas antes que la enfermedad se vuelva clínicamente avanzada. El riesgo a 10 años de muerte por cáncer de próstata oscila entre el 8% entre los hombres con tumores bien diferenciados y el 26% entre aquéllos con tumores poco diferenciados. Los riesgos a 10 años de muerte por otras causas fueron casi del 60%, independientemente del grado del tumor.
  • La reducción en la mortalidad por cáncer de próstata a 10 o 14 años es de 5 en 1.000 sin rastreo de PSA y de 4 a 5 en 1.000 con rastreo de PSA (RR=0,95; IC 95%: 0,85-1,07), incluso para los hombres en el rango de edad óptima de 55 a 69 años.
  • Los daños (físicos y psicológicos) y gastos médicos debido al rastreo generalizado de los hombres asintomáticos, se demostró son mayores que los beneficios de la detección de rutina.
  • Existen conclusiones de estudios convincentes acerca que el rastreo basado en PSA conduce a un considerable sobre diagnóstico y a falsos positivos de tumores de próstata.
  • El efecto preciso a largo plazo de la prueba de PSA en la mortalidad específica por cáncer de próstata, sigue siendo incierto.
  • Los médicos no deberíamos solicitar pruebas para PSA a menos que estemos seguros y dispuestos a asumir las consecuencias de nuestra toma de decisión y más importante aún, saber compartirla e informarla adecuadamente a nuestros pacientes.

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